Efemérides -

Cassandra Wilson, un icono del jazz en los ‘90

La cantante estadounidense que encantó a todos con su fusión, cumple 67 años y en J&C repasamos su trayectoria.

Nombrada mejor cantante americana por la revista Time Magazine, Cassandra Wilson mantiene una cierta audacia en su música, incluso en sus trabajos más accesibles y volcados hacia el pop.

Ganadora de un Grammy y un "cachito" del premio Pulitzer que Wynton Marsalis obtuvo por Blood On The Fields.

Había llegado a Nueva York tres años antes, y destacó desde el principio como algo especial en sus primeras actuaciones con Dave Holland y Abbey Lincoln. Nada más llegar a la ciudad se integró en el colectivo de los M-Base de Steve Coleman, y en los Five Elements, el grupo de este saxofonista. La primera vez que la escuché fue como invitada de la reformada banda de otro gran saxofonista, Henry Threadgill, en un concierto de su grupo New Air a principios de 1984. Allí, cantó un standard que me dejó pasmado: “Body And Soul”.

En su primer disco ya había una interpretación de un clásico de Miles y Bill Evans, “Blue In Green”, que con la letra que la Wilson le puso sonaba como otro standard. Su segunda grabación quedó marcada por su interpretación del “Some Other Time” de Bernstein, acompañada únicamente por su pianista. Su tercer disco, dedicado por entero a ese repertorio, dejaba bien claro que nos encontrábamos ante una excepcional intérprete de standards. Blue Skies, acompañada por un trío de músicos excepcional, es uno de los mejores discos hechos en estos últimos veinte o treinta años por una cantante de jazz con un repertorio clásico. Sus versiones de los temas más conocidos de Rodgers y Hammestein o Hart, Jimmy Van Heusen, Jerome Kern, Irving Berlin y los demás grandes maestros fueron memorables, casi tanto como las de las más grandes divas de la historia del jazz.

Wilson siempre ha sido una artista con un gran sentido de la dirección de su carrera, así que unos diez años después de su gran disco de standards, volvió al estudio para realizar una curiosa segunda parte del mismo. Ese tipo de repertorio nunca lo había abandonado, ya que sus curiosas versiones habían salpicado casi todos sus otros discos en JMT y DIW primero, y después en sus primeros discos para el sello Blue Note. Estas dos grandes grabaciones producidas por Craig Street también están marcadas por interpretaciones como la de “You Don’t Know What Love Is” que abría Blue Night ‘Til Dawn, o las de “Strange Fruit” y “Skylark” en New Moon Daughter. Pero tras estos dos discos memorables y eclécticos, afrontó un nuevo proyecto muy diferente.

En una colaboración asombrosa con el pianista Jackie Terrasson, hizo su nuevo disco de standards con una formación parecida a la de aquel primer proyecto. La única diferencia era la sustitución del batería por un percusionista, en un ejercicio que resultaba muy curioso para este repertorio. Los temas de la época dorada del Tim Pan Alley eran retomados, con las únicas excepciones de dos interpretaciones del pianista sin la cantante, de un tema propio y otro de Herbie Hancock. En los arreglos tenía mucha importancia la colaboración de su gran amigo, el bajista Lonnie Plaxico, con quien había elaborado también los de su primero disco con este repertorio. Además en esta colaboración entre dos artistas con una gran afición a rearmonizar temas, ésta sería una de las características del proyecto. El resultado de Rendezvous era muy diferente de aquel primer encuentro con los standards. La influencia de las grandes del jazz, y particularmente de Sarah Vaugham, notable en aquella grabación, seguía ahí, pero ésta era muy diferente. Tras diez años de carrera, el eclecticismo de esta cantante tan influida por las de jazz como por las de soul o incluso por Joni Mitchell, se hacía más presente. El resultado de ello recordaba, lógicamente, a esa otra artista inclasificable que era Nina Simone.

Los standards han seguido siendo parte de los cada vez más desiguales repertorios de la cantante. Al final de esta nueva época, tal vez influida por esa diversidad que parecía indispensable en sus proyectos, su carrera parecía por primera vez descentrada. Así, no es sorprendente que tras el relativo fracaso artístico de sus últimas aperturas hacia el pop, bien por sus repertorios o por su producción, Cassandra vuelva hace unos meses a encontrar su dirección con otro soberbio disco de standards, el tercero en veinte años.

En Loverly encontramos de nuevo los elementos para el disfrute de aquellas otras dos ocasiones. El piano, en esta ocasión tocado por un espectacular Jason Moran, es el centro gravitacional del grupo, tal y como antes lo fueron Mulgrew Miller y Terrasson. La rítmica vuelve a ser lo que marca otra diferencia con aquellos discos marcados por Lonnie Plaxico y Terri Lyne Carrington en un caso, y la presencia de las percusiones de Mino Cinelu en vez de una batería en el otro. Aquí, en un ejercicio de inteligencia y sentido del humor sin par, la Wilson se rodea de una rítmica con un gran batería de Nueva Orleáns, acompañado por un percusionista africano. Como remate, la cantante cuyas bandas estaban marcadas por el sonido de los grandes guitarristas que han pasado por sus grupos en gran parte de estos veinte años, incluye a uno de ellos en la grabación. La presencia de nuevo de Plaxico como contrabajista y ayudando en los arreglos, aporta un aroma conocido a un proyecto en principio tan distinto.

La madurez de la artista es hoy día incontestable. No se priva de guiños a “la antigua Cassandra”, con pasajes vocales en las que recuerda sus primeras influencias, mientras que en otros deja clara su evolución. En sus dos dúos, uno con el guitarrista, otro con el bajista Herlin Riley (que sólo interviene en ese tema), aparece esa estática inconfundible y mágica en algunas de sus últimas actuaciones. Se regodea en su voz prodigiosa, y cuando usa el scat o sus melismas, lo hace con un sentido de la medida que sólo da la experiencia. El blues, que siempre ha estado presente como trasfondo de esta música que llamamos jazz, tiñe con su particular color sus interpretaciones llenas de emoción. Tras veinte años, vuelve a su vehículo perfecto para demostrarnos que sencillamente juega en otra liga que el resto de los cantantes del mundo. Sólo por estos tres discos de standards, ya merece entrar en el panteón de las grandes.

Con información de TomaJazz

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