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Diana Krall, la fabulosa cantante de jazz que se crió estudiando a Nat King Cole y Frank Sinatra

La también pianista canadiense cumple 57 años. Vendió más de 15 millones de discos en todo el mundo. Fue nombrada como la artista de jazz de la década 2000-2009. Ganó tres premios Grammy, nueve discos de oro, tres de platino y siete multiplatino.

En una nueva efemérides, Jazz and Cash homenajea a Diana Krall, nacida el 16 de noviembre de 1964 en Nanaimo, pequeña localidad de pescadores en la isla de Vancouver, en la provincia canadiense de la Columbia Británica. Se crió con su hermana Michelle en un ambiente musical: su abuela era cantante de jazz, y sus padres, Adella y Jim, tocaban el piano.

A los cuatro años, la pequeña Diana empezó a tomar clases de piano. Cada domingo la familia al completo se reunía para interpretar clásicos de Nat King Cole o Frank Sinatra. «Nos turnábamos -recuerda ella en entrevistas-; ni siquiera puedo recordar cuándo no estábamos tocando.» Su primera influencia musical consciente fueron las decenas de discos de Fats Waller que coleccionaba su padre, y que ella intentaba reproducir nota por nota.

Sus inicios

De adolescente, Krall se unió a la banda de jazz de su escuela superior, y a los quince años logró su primer trabajo remunerado: tocaba el piano tres noches a la semana en un restaurante local. Por entonces empezó a atraerle cada vez más el papel de cantante-pianista, a imitación de sus admiradas Roberta Flack o Nina Simone, aunque sólo se sentía del todo cómoda como instrumentista.

Encuentro con Ray Brown

En 1981 ganó una beca del Festival de Jazz de Vancouver para estudiar en la prestigiosa escuela de música Berklee, en Boston, Estados Unidos. Allí residió durante un año y medio de riguroso aprendizaje, tras lo cual volvió a cruzar la frontera canadiense para regresar a su pueblo natal.

Una noche, el reconocido bajista Ray Brown la escuchó tocar en un pequeño local de Nanaimo. Impresionado, se presentó en el camerino y le propuso ser su mentor y manager. Krall aceptó encantada, iniciando una relación profesional que se mantendría hasta el fallecimiento de Brown, en julio de 2002.

Siguiendo el consejo de Brown, Diana se mudó a Los Ángeles. Allí, con una beca del gobierno canadiense, prosiguió sus estudios bajo la tutela del pianista Jimmy Rowles, director musical de la legendaria sala de conciertos Hollywood Bowl. Rowles la animó a complementar su habilidad al piano desarrollando del todo sus posibilidades vocales, de las que todavía se sentía insegura.

Tras residir una temporada en Toronto, a principios de los años noventa se mudó a Nueva York, donde formó su propio trío. Después de hacerse un hueco en la escena local, publicó en el pequeño sello discográfico Justin Time, con base en Montreal, su primer álbum: Stepping out (1990). En este prometedor debut participaron prestigiosos músicos como Jeff Hamilton o John Clayton.

En 1994 publicó para el sello GRP Only trust your hear, en el que contó con la colaboración al bajo de su viejo amigo Ray Brown. Para este disco contó con un productor de lujo: el veterano Tommy LiPuma, cuya trayectoria incluye trabajos con Barbra Streisand, Miles Davis, João Gilberto o Natalie Cole. Ambos quedaron tan satisfechos con el resultado que LiPuma ha seguido produciendo todos sus trabajos posteriores.

Tras emprender su primera gira internacional por Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón, en 1996 presentó All for you, un delicioso homenaje a la música de Nat King Cole, publicado por el clásico y renovado sello de jazz Impulse! No sólo recibió críticas excelentes (el diario The New York Times lo eligió entre los diez mejores discos del año), sino que además obtuvo unas ventas sorprendentes para su género y una nominación a los Premios Grammy.

Su siguiente disco, Love scenes (1997), la situó definitivamente entre los grandes del jazz. Participó en eventos de prestigio como las galas de ese año de tributo a Ella Fitzgerald (en el Carnegie Hall) y a Benny Carter (en el Lincoln Center), y durante semanas fue la atracción de la Oak Room, la prestigiosa sala de conciertos del Algonquin Hotel de Manhattan.

Premio Grammy

Sin embargo, pocos imaginaban hasta dónde podía llegar su popularidad. Con When I look in your eyes (1999) logró su primer disco de platino (un millón de ejemplares vendidos) y el Premio Grammy a la mejor interpretación vocal de jazz. También fue la primera artista de jazz nominada en la categoría de Álbum del Año en veinticinco años, y en participar en el Festival Lilith Fair (habitual escenario de cantantes de pop, como Alanis Morissette o Sheryl Crow).

Su música empezó a sonar en populares series de televisión como Sexo en la ciudad, o en películas como Otoño en Nueva York o The Score. Un golpe maestro (de Robert De Niro). Celebridades como Sting, Elton John o Harrison Ford declararon su afición a la joven cantante, que en 2000 recibió la Orden de la Columbia Británica, como embajadora de esa provincia y de la cultura canadiense en todo el mundo.

The look of love (2001), su siguiente paso discográfico, en el sello Verve, se planteó como un homenaje a las baladas de Frank Sinatra en clásicos como Only the lonely. A Krall se le ocurrió llamar a uno de sus músicos favoritos, el alemán Claus Ogerman, responsable del sonido de discos clásicos de Sinatra, Barbra Streisand o Antonio Carlos Jobim. El único problema era que Ogerman llevaba por entonces diecisiete años apartado de los arreglos para otros músicos de jazz, y concentrado en sus propias composiciones para piano y violín. Ello no impidió que, durante una gira por Europa, concertaran un encuentro en Munich.

El veterano músico y arreglista quedó impresionado con el talento y los conocimientos de Krall, y ambos coincidieron en su gusto por las películas antiguas. Sin dudarlo, Ogerman se sumó al proyecto y dirigió a la Orquesta Sinfónica de Londres en el acompañamiento de clásicos como Cry me a river o I get along very well without you, y una versión en español de Bésame mucho. Por supuesto, The look of love fue un éxito, y ganó dos Premios Grammy.

A continuación, Krall publicó su primer disco en directo, Live in Paris (2002), grabado en diciembre de 2001 durante una serie de recitales en el Olympia de la capital francesa. Este álbum ya anticipaba la versatilidad que iba a mostrar la cantante, con un repertorio que engloba siete décadas de la mejor música americana: desde los estándares de Tin Pan Alley de los años veinte o el I’ve got you under my skin de Cole Porter, hasta una canción de Billy Joel.

La Krall más intimista

Diana se encontraba en la cima de su carrera cuando recibió el golpe más duro de su vida. Su madre, Adella, ya había recibido un trasplante de médula ósea en 1996 para tratar de superar un cáncer, pero recayó cuatro años más tarde y se sometió a un segundo trasplante en otoño de 2001. Sin embargo, esta vez no mejoró, y falleció en mayo de 2002, a los sesenta años de edad.

Esta tragedia dio lugar a las sensibles composiciones de The girl in the other room, publicado en abril de 2004, y también la convirtió en una activa luchadora contra el cáncer (en marzo de 2004 ofreció un concierto benéfico con su marido, el músico británico Elvis Costello, y con Elton John, para recaudar fondos para un hospital de Vancouver que lucha contra la leucemia).

En el álbum, Krall expande considerablemente sus horizontes estilísticos al incorporar canciones de cantautores americanos modernos -como Tom Waits o Joni Mitchell- a su repertorio habitual de estándares del bop y el swing. También contiene seis canciones escritas a medias con su marido.

La relación con el ídolo del pop de los años ochenta fue esencial en el cambio de rumbo de la artista de jazz, que anteriormente nunca había presentado composiciones propias. Ambos se conocieron durante la entrega de los Premios Grammy de 2002, y decidieron colaborar juntos. Basándose en las largas conversaciones que mantuvieron acerca de la muerte de Adella y de cómo ésta afectó a Diana, Costello escribió las letras para una serie de melodías que la artista compuso. La relación profesional se convirtió también en sentimental, y se casaron en diciembre de 2003.

Las canciones de The girl in the other room muestran una faceta desconocida de la artista que ganó su primera nominación a los Grammy con un disco dedicado a las baladas de Nat King Cole: más vital, más pop, y al mismo tiempo más introspectiva que nunca. También supusieron su mayor triunfo comercial, con ventas millonarias tanto en Estados Unidos como en Europa.

Fuente: Biografías y Vidas

 

 

 

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